¿Por qué no me preocupa que algún grupo de personas o el mundo entero estén “avanzando hacia el socialismo”?
Porque tengo ojos.
Mire donde mire –en cada estado, país, ciudad o región, en cada cultura y lengua–, en todos los lugares donde he estado o de los que he oído hablar, hay personas que día a día manifiestan su amor por los mercados. En todo el mundo, la gente ama el libre comercio y sus frutos. Lo buscan. Lo encuentran incluso cuando los gobiernos intentan erradicarlo. No puede morir.
A la gente le encanta crear, intercambiar, producir, consumir, innovar, mejorar y buscar el progreso material y espiritual, la felicidad y la comodidad. El lugar más remoto de la Tierra, si los humanos vivieran allí, tendría tiendas, mercados y comercio de algún tipo.
Allí donde el capitalismo tiene una onza de oxígeno o una pulgada de espacio, explota con una fuerza intocable para cualquier plan bienhechor de violencia y control.
Muéstreme un manifestante y le mostraré su armario lleno de los frutos del capitalismo. Muéstreme un defensor del redistribucionismo y le mostraré sus cuentas que generan intereses. Muéstreme una turba rebelde y le mostraré un grupo de consumidores y productores que aprovechan cualquier oportunidad para participar en un comercio pacífico y egoísta.
No escucho mucho lo que dice la gente. Dicen que aman muchas cosas que, cuando se apagan las luces, ignoran por completo. Dicen que odian muchas cosas que, cuando están a puerta cerrada, disfrutan. Una de las grandes lecciones de las ciencias sociales es que las etiquetas, las protestas, las causas favoritas, los discursos y los panfletos de las personas son pésimos a la hora de revelar sus preferencias en comparación con sus acciones.
La gente dice muchas cosas sobre los mercados con palabras, pero habla con notable sencillez y uniformidad con los hechos. Esa voz clama, en todo el mundo, que los seres humanos no aman nada más que la libertad de perseguir pacíficamente sus propios intereses y disfrutar de los resultados de esa búsqueda.
Escuche sus acciones. Déles más de lo que quieren. Cuanto mayor sea el grado de libertad que experimenten, más difícil será perder ese terreno más adelante.
No se limite a decirle a la gente lo que los mercados pueden hacer: muéstreleslo.
Imagina. Crea. Construye. Y ve que no estás solo. Toda la humanidad te apoya, aunque a muchos les falte la claridad, el sentido común o la humildad para admitirlo con palabras.
Este artículo Originalmente apareció en IsaacMorehouse.com


