Quiero hacer un breve experimento mental. A pesar de lo inverosímil de este escenario, creo que podría explicar por qué los libertarios deberían ser menos pesimistas respecto del futuro. Así que ahí va:
Imaginemos que, por alguna extraña circunstancia, el gobierno federal encontrara una forma legal y hermética de prohibirle a usted y a todos los demás votar en las próximas elecciones. Quienes ocupen el cargo ahora permanecerán en él hasta que mueran. Y supongamos que todo el mundo está convencido de que se trata de un caso hermético y que nadie se enfada hasta el punto de pensar que se trata de un asesinato. En resumen, nadie puede votar y, además de sentirse descontento por ello, sigue con su vida.
Mi pregunta es la siguiente: ¿qué haría usted para promover la libertad? ¿Cómo promovería el crecimiento y la prosperidad? ¿A quién acudiría en busca de apoyo y colaboración para servir a los demás o satisfacer sus necesidades?
Tendemos a juzgar la medida de la libertad por la severidad con que el Estado invade nuestras vidas. Sin embargo, centrarnos en lo poco libres que somos puede tener efectos adversos en nuestra psique; es decir, tendemos a sentirnos poco libres y a perder oportunidades de vivir lo más libres posible. Al principio de mi viaje personal para convertirme en libertario, leí o escuché a alguien decir (esto está parafraseado): “Quien es verdaderamente libre encontrará una manera de vivir libre”. Esa afirmación me ha acompañado desde entonces, porque si bien tenemos todo el derecho y todas las razones para cambiar la mala política por la buena, la vida diaria aún debe vivirse. Aquellos que anhelan la libertad la perseguirán porque el espíritu de la libertad, independientemente de las circunstancias sociopolíticas, debería capacitarnos para vivir como personas genuinamente libres.
Si no puedes votar, tu energía se redireccionará. Tu influencia se limitará a quienes estén a tu alcance, porque son ellos los que realmente se ven afectados por cómo vives, cómo trabajas y cómo promueves el bien común. Ya seas estudiante, misionero o dueño de un negocio, tus acciones impactan a quienes te rodean en distintos niveles.
En un mundo donde no puedes votar, tu capacidad para promover un mundo mejor está confinada dentro de tu esfera de influencia.
Sin embargo, siendo realistas, esto es cierto en un mundo donde... puede Votar. Aparte del capital social que se obtiene al ser considerado por los demás como “un participante de la democracia” (démosles el beneficio de la duda sobre ese mito), el voto no produce mucho más que beneficios psicológicos. ¿Votó en las últimas elecciones? Si lo hizo, ¿cómo afectó su voto a quienes lo rodeaban? Si hubiera decidido abstenerse, ¿habría sido diferente el resultado de las elecciones?
El objetivo de este debate no es si uno debe o no votar, ni tampoco es otorgar un valor moral a votar o no votar. Si usted vota y es un firme partidario de hacerlo, no se desanime. Siga haciéndolo. No creo que votar sea una tarea inútil, pero, dada la naturaleza del Estado y su inclinación a servir a sus propios fines, estoy convencido de que nos espera un futuro mejor en la medida en que los seres humanos cooperen para crear un futuro mejor.


